El objetivo fue que la ciudad se sintiera sin tener que explicarla. Para lograrlo trabajamos con códigos que cualquiera asocia con Nueva York casi sin pensarlo, pero cuidando que nunca se volvieran una postal turística. La invitación no es «ven porque somos neoyorquinos», es «conócenos desde la experiencia y quédate por el sabor.» Una marca que transmite actitud urbana, ritmo y oficio, y que se siente auténtica porque no presume de serlo.
Al centro del sistema está Buster, la cara humana de la marca. Sostiene el gesto y la actitud de esa dirección de franquicia y la mantiene consistente en cada punto de contacto, de la fachada al uniforme del personal. Su presencia convierte una identidad visual en un personaje con el que el cliente puede encariñarse, y no solo en un logotipo que memorizar.
Definimos el concepto, tono y narrativa de la marca, y construimos una identidad que comunica autenticidad, tradición y estilo urbano desde su raíz. Diseñamos un sistema visual completo, con logotipo, personaje, aplicaciones y elementos gráficos, que evoca la cultura pizzera de Nueva York, junto con una estrategia de comunicación capaz de transmitir sabor, cultura y personalidad en cada punto de contacto.
El resultado es una marca con carácter, memorable y auténtica, que conecta con la pasión por la pizza y el estilo urbano, y que transporta al consumidor a Nueva York en cada visita o pedido.
Para Buster’s Pizza, comunicamos la cultura del sabor que se vive en Nueva York, en cada rebanada.






